Durante los próximos años, millones de familias en todo el mundo transferirán patrimonio a las siguientes generaciones. Viviendas, ahorros, inversiones, empresas familiares y proyectos construidos durante décadas cambiarán de manos.

¿Está preparada la siguiente generación para gestionar el patrimonio que va a recibir?

A lo largo de nuestra experiencia hemos visto que muchas familias dedican mucho tiempo a construir patrimonio, pero pocas dedican el mismo esfuerzo a planificar cómo será gestionado en el futuro.

Cuando hablamos de patrimonio solemos pensar en bienes tangibles: inmuebles, inversiones, participaciones empresariales o cuentas bancarias. Sin embargo, el verdadero patrimonio de una familia va mucho más allá de los activos que aparecen en un balance.

También incluye la experiencia acumulada durante años, los criterios que han guiado la toma de decisiones, los valores sobre los que se ha construido el proyecto familiar y la visión que ha permitido conservar y hacer crecer ese patrimonio a lo largo del tiempo.

Por eso, en muchos casos, preservar un patrimonio supone transmitir conocimiento, porque no debemos olvidar que el patrimonio es mucho más que una suma de activos y que preservar un patrimonio implica transmitir criterio, valores y una visión de largo plazo. .

El riesgo que muchas familias no ven

La mayor parte de las familias trabajan durante décadas para crear una empresa, adquirir inmuebles, generar ahorro o desarrollar una estrategia de inversión sólida. Pero pocas dedican el mismo nivel de atención a preparar a quienes algún día tendrán la responsabilidad de gestionar todo aquello que han construido.

Paradójicamente, uno de los mayores riesgos patrimoniales no suele estar relacionado con los mercados, la economía o la fiscalidad. Suele estar relacionado con la falta de preparación.

La historia ofrece numerosos ejemplos de patrimonios que tardaron generaciones en construirse y apenas unos años en deteriorarse, porque desaparecieron los conocimientos, los criterios o la disciplina que permitieron generarlos.

La importancia de planificar antes de que sea necesario

La planificación patrimonial suele asociarse a momentos concretos: una herencia, una sucesión empresarial o una reorganización familiar. Sin embargo, las decisiones más importantes suelen tomarse mucho antes.

Preparar una sucesión implica hablar de objetivos, responsabilidades y expectativas. Implica formar a las nuevas generaciones, compartir información y crear una estructura que facilite la continuidad del patrimonio familiar.

Es necesario preparar a las personas que deberán tomar decisiones sobre ellos, no solo decidir quién recibirá determinados activos.

Construir un legado que pueda perdurar

Toda familia que ha conseguido construir patrimonio aspira, en mayor o menor medida, a que ese esfuerzo tenga continuidad en el tiempo. La continuidad no depende únicamente de la rentabilidad de una inversión o de la evolución de los mercados, también depende de la capacidad de las futuras generaciones para comprender el patrimonio que reciben y gestionarlo con responsabilidad.

La planificación patrimonial comienza cuando se construyen las bases para que el patrimonio pueda seguir cumpliendo su función generación tras generación, mucho antes de la llegada de la herencia. Porque el desafío no es crear patrimonio, es conseguir que perdure.